Dúo Cuenca

duo-cuenca-guitarra-y-piano

spotify-connect

app_store

L.BIGAZZI (1959)
1. Preludio pour un enfant
2. Formentera

KATSUITO INOUE (1962)
3. Danza Japonesa “Sakura”

ANÓNIMO
4. Ay Giz

FRANCISCO CUENCA (1964)
Beirut
5. El Rouche
6. Hambra (Danza)

ANÓNIMO
7. Romance
(Versión: Katsuito Inoue)

ERIK MARCHELIE
8. Les Nuits Andalouses
9. Berceuse Pour Olivier
10. Nazca

FRANCISCO CUENCA
Aznur (a mi hermana Mariconchi)
(Homenaje a Tárrega y Albéniz)
11. Santo Domingo (Evocación Tárrega)
12. El Rincón del Cante (Granaína Albéniz)
13. La Puente
(Danza festiva y Guajira del Rio de Oro)

Tweets

DÚO CUENCA

ANTÓN DIABELLI (1781-1858)

Fue un notable personaje que influyó enormemente en la música de su tiempo. No tanto como compositor. cuanto como editor de música. Dotado de una notable intuición para detectar y dirigir las tendencias del mercado, fundó una editora en la que financió la publicación de una buena cantidad de música seria con el dinero que obtenía de la venta de canciones y bailes populares de moda.

Diabelli editó a Schubert -uno de sus mejores activos comerciales- e incluso algunas piezas de Beethoven.

Hombre de ideas afortunadas. hizo que cincuenta compositores escribieran otras tantas variaciones sobre el tema de un vals que él mismo había compuesto. La obra, terminada en 1824, obtuvo un gran éxito editorial. Recuérdese -porque la galaxia sonora de nuestro siglo a veces nos lo hace olvidar- que, hasta el nacimiento de la fonografía. la difusión de la música se hacía básicamente a través de las partituras que se interpretaban en los ilustrados salones privados o en los populares cafés, sobre todo en Viena.

Diabelli y sus posteriores socios llegaron a editar casi veinticinco mil partituras. Algunas de ellas, como las colecciones para guitarra y piano. tituladas respectivamente, Philomele für die Guitarre y Philomele für das Piano, o las de piano solo o a dúo Euterpe fueron muy populares durante largas décadas. Otra de sus realizaciones. referida a canciones teatrales de moda, Neueste Sammlung komischer Thearergesange llegó a totalizar 429 volúmenes: un éxito fuera de toda duda.

Con todo, Diabelli fue un músico de sólida formación y acusada musicalidad. Nacido en Mattsee, cerca de Salzburgo. estudió con su padre Nicolaus Diabelli, quien había italianizado su apellido original, Demon. A los nueve años ingresó como niño cantor en la Capilla de Salzburg, donde recibió lecciones de Michael Haydn. Tras estudiar en la Universidad de dicha ciudad pasó una temporada en un convento. probablemente como novicio cisterciense. A partir de 1802, tras colgar los hábitos, se instaló definitivamente en Viena, donde -junto a su destacada labor como editor- dio clases de piano y guitarra, instrumentos que dominaba con sumo talento. Como compositor, escribió todo tipo de obras: óperas. música escénica, una ingente cantidad de música religiosa (diecisiete misas) y danzas para orquesta. Pero, sobre todo, realizó una infinidad de arreglos, orquestaciones y popurrís de la más diversa índole. Y, cómo no, compuso también para la guitarra y el piano.

Tal es el caso de la Gran Sonata Brillante. Una pieza en la que trasluce un destacado virtuosismo instrumental. Muy en el estilo de la época, no se titula simplemente sonata, sino que se le añade un adjetivo por delante, gran, y otro por detrás, brillante: para que la intención del autor quede clara ya desde el propio título de la pieza.

Ahí Diabelli hace uso de todos los recursos del avezado compositor que escribe para un instrumento que domina. Algunos críticos ven en su forma de componer claras rnfluencias de su maestro Michael Haydn y de la estética del Biedermeíer que privaba en la Viena de la época.

En todo caso, se trata de una obra que, desde su amabilidad, quiere ser espectacular. escrita a mayor gloria del intérprete.

 

ENRIQUE GRANADOS (1867-1916)

Es, con Albéniz, Falla y Turina. una de las cuatro columnas sobre las que reposa el bello edificio de la música nacionalista española.

Excelente pianista, discípulo de composición de Pedrell -patriarca indudable de ese nacionalismo- estudió en Paris con Bériot. En 1889 dio su primer recital, inaugurando una brillante carrera como concertista que completó, como maestro, al crear un estilo pianístico muy propio que ha perdurado a través de varias generaciones en su Academia, en Barcelona, que dirigida a su muerte por Frank Marshall, ha dado talentos como Alicia de Larrocha o Rosa Sabater.

Su obra para piano se centra en dos ciclos monumentales: Goyescas (1911), convertida más tarde en ópera (tras cuyo exitoso estreno en el Metropolitan de Nueva York, el compositor fallecería, al ser alcanzado el barco en que viajaba por un torpedo en el Canal de la Mancha) y, las Danzas españolas.

Las Danzas españolas fueron compuestas entre 1892 y 1900. De ellas ha resaltado Antonio Ruiz Pipó “su alta calidad y, aunque tuvieran muchas influencias de Grieg -entonces muy de moda entre el público español- Schumann y Liszt, su personalidad nacionalista fue capaz de mezclar esas influencias en algo muy distintivo”.

Cuando se estrenaron, compositores como Massenet, Saint Saëns, Cesar Cui y el propio Grieg mostraron su satisfacción, tanto por su delicada exquisitez, como porque mostraban una nueva dirección de la música española, compartida por las Piezas de salón, de su compatriota Isaac Albéniz.

Es curioso que en las Danzas, Granados no se dedica a armonizar canciones del acervo folklórico. Sus melodías son originales, pero están impregnadas de carácter popular. Ahí Granados, como más tarde hará Bartok, aunque con distinta intención y dispar resultado, imagina un folklore que le es propio, al que se siente entrañablemente ligado. y lo rocía de un romanticismo peculiar, siempre con un hito de nostalgia.

De las doce que escribe, se han seleccionado cuatro para este CD. Al plantearme la realización de su versión para dúo de guitarra y piano, me resultó difícil sustraerme a las excelentes interpretaciones que se han hecho de las mismas en los dos instrumentos por separado: al piano, para el que fueron creadas, y a la guitarra, para la que fueron transcritas por excelentes maestros. El desafío consistía en encontrar un buen equilibrio entre los dos instrumentos de volumen sonoro tan distinto. Pero fue muy curioso cómo la propia musicalidad de Granados me iba guiando en mi labor, desde su intrínseca calidad, capaz de sugerir tantas y tantas cosas.

Las danzas aquí grabadas son:

La tercera, dedicada a Joaquín Vancells, en Re mayor, llena de insistencias y desdoblamientos, casi minimalista; la cuarta, también llamada Villanesca -una de las más populares del ciclo- en Sol mayor, con una canción y su estribillo, que ocultan deliciosas sugerencias polifónicas; la sexta, en Re mayor, conocida como Aragonesa por su copla central, de corte totalmente jotero; y la décima, en Sol mayor, dedicada a Su Alteza Real la Infanta Doña Isabel de Barbón, quizá la más guitarrística de todas en la propia versión original para piano solo.

 

FRANCISCO CUENCA (1964)

Guitarrista y compositor, escribió Damasco -obra original para guitarra y piano- en 2001, inspirándose en la antigua capital de los Omeyas. La composición está dedicada a su madre, Carmen Morales Trigos.

En Damasco, el autor juega con dos bloques musicales temáticos, que combina hábilmente, en los que aparecen elementos característicos de la música andaluza, tan impregnada de influencia árabe.

La obra se inicia con una breve exposición, que anuncia los aspectos armónicos y rítmicos que van a aparecer en su curso, para introducirnos en un movimiento -tranquilo- en el que ambos instrumentos alternan el esquema melódico principal y se funden para acentuar aún más, si cabe, el persistente y obstinado ritmo interior que conlleva.

El segundo bloque temático, de movimiento vivo y rítmico, se desarrolla con materiales del primero, tomando al ritmo como factor determinante de su progresión.

Finalmente, unos misteriosos armónicos de la guitarra, junto con unos delicados acordes del piano, dan paso a la reexposición del primer bloque, aunque con diferencias tanto armónicas como tímbricas.

Escribí Semioesferas en el calor tropical de Manila, en junio de 1998, cediendo a la amistosa insistencia del guitarrista Josep Henríquez, que ha paseado mi música -sobre todo mis Variations á propos d’ un bateau qui s’endort – por todo el mundo.

A menudo, cuando se anuncia en programas, se produce una confusión con el título, Semiesferas en vez de Semioesferas. Explicaré la diferencia. Una semiesfera sería la mitad de una esfera. es decir. como una naranja partida de un tajo por la mitad: una imagen que no me sirve, puesto que lo que he pretendido es que la música. en esta pieza, ruede de aquí para allá, sin parar, como lo haría una esfera sobre un plano irregular.

En cambio, una semioesfera es algo distinto. Se trata de un concepto acuñado por el semiólogo Lotman -que ha utilizado con profusión mi buen amigo Jorge Lozano- para determinar aquel espacio semiótico fuera del cual no es posible la existencia de la semiótica. Y esto es lo que pretendo en mi composición: jugar con una esfera llena de significados que, mientras rueda, permanece completamente cerrada, como conteniendo la energía de mis propias ideas musicales, que se convertirá en la energía necesaria para que gire. gire y gire sin parar. Casi obsesiva mente. Con una sola excepción, un solo quiebro: cuando la guitarra queda sola, explayándose en un lamento flamenco, como para tomar aliento entre tanto giro.

La versión original de Semioesferas, escrita para guitarra y orquesta de cuerda, fue un encargo del Festival Internacional de Música de Granollers (Barcelona), en el que fue estrenada, en 1999. con la Orquesta de Cámara del Conservatorio Josep María Ruera, bajo mi propia dirección, con Josep Henríquez como solista. Como tal, ha sido interpretada varias veces en España, Estados Unidos y Filipinas.

Poco más tarde, Paco y José Manuel Cuenca me encargaron esta nueva versión para piano y guitarra que, antes de ser grabada en este CD, han interpretado ya por medio mundo.

La obra está dedicada a mi hija Marit, que tanto endulzó mi vida manileña.

Delfín Calomé